Mes: enero 2009

Leches Vegetales: Alternativas saludables a la leche

La leche es, por varios motivos, un alimento del que no es recomendable abusar. Pero forma parte de la alimentación cotidiana de muchas personas y como somos seres de costumbres, es bueno tener una alternativa para sustituir la leche. Es bastante conocida la leche de soja, pero en realidad hay muchas bebidas vegetales:

Fáciles de encontrar:

Difíciles de encontrar:

Además, podéis encontrar mezclas de diferentes bebidas (a mí me encanta la mezcla de bebida de arroz y avellana que comercializa Finestra Sul Cielo) y bebidas mezcladas con otros ingredientes (cacao, fresa, vainilla, otros cereales,etc…) También encontraréis bebidas enriquecidas con calcio (normalmente extraído de algas). En algunos casos hay versiones en más densas para sustituir la nata líquida en la cocina
Como siempre, en la variedad está el gusto, si encontráis varias bebidas vegetales que os gustan, inclídlas todas en vuestra alimentación, cada una tiene sus propiedades.

Encontrar un batido vegetal de vuestro gusto puede ser una tarea ardua, pero no desistáis, id probando y recordad que entre varias leches de soja, por ejemplo, hay tanta diferencia de sabor como entre varias leches de vaca de diversas marcas.

La leche, un alimento sobrevalorado

La leche es uno de los alimentos mejor publicitado. Los anuncios nos recuerdan cada día que debemos consumirla; en las escuelas, al enseñar las pirámides alimentarias, se le otorga una posición privilegiada.

Dos vasos de leche

La leche, de hecho, es un alimento muy sobrevalorado. Después del destete deja de ser imprescindible y, de hecho, muchas personas harían bien en evitarla por norma general. Veamos los argumentos en contra que nunca se mencionan en los anuncios y escuelas:

No es la fuente ideal de Calcio

Es cierto que la leche es muy rica en calcio, pero también tiene mucho fósforo. El fósforo es necesario, pero con la alimentación industrializada solemos consumir más del aconsejable. Los niveles de fósforo y calcio en la sangre han de tener un cierto equilibrio: Si hay más fósforo del necesario, se activan ciertas hormonas que sacan calcio del hueso y lo vierten a la sangre, para mantener la proporción.

Además, la leche es un alimento que acidifica la sangre. Para compensarlo y alcalinizarla, nuestro organismo se desprende de calcio que ha almacenado en el hueso. De modo que la leche puede requerirle a nuestros huesos más calcio del que le aporta. La leche, por lo tanto, a pesar de ser muy rica en calcio, no es la mejor forma de aportarlo.

Es muy rica en grasas saturadas

Por otro lado, es un alimento con altos niveles en grasas saturadas y en colesterol, de nuevo, nuestra dieta suele ser ya demasiado rica en estas grasas de baja calidad.

Perjudica la mucosa intestinal

Además, la leche suele resultar, en mayor o menor grado, indigesta. Hay dos sustancias que hacen posible la digestión de la leche: el cuajo (en el estómago) y la lactasa (en el intestino). Muchas personas siguen produciendo estas sustancias a lo largo de toda su vida si siguen consumiendo leche, pero otras muchas no o no lo hacen en la cantidad necesaria, dado que los mamíferos no están preparados para consumir leche tras el destete.

Si hay poca producción de cuajo la leche resulta indigesta y provoca náuseas. Si hay poca producción de lactasa, la leche no se digiere correctamente e irrita el intestino, con lo cual se dificulta la absorción de nutrientes, puede provocar diarreas, perjudicar el sistema inmunitario, generar problemas de gases, dolores de cabeza y articulares, cuadros inflamatorios difusos, transtornos respiratorios, etc…

Este es un problema de muy diversos grados. Mucha gente es consciente de su intolerancia a la lactosa y evita la leche, pero en otras muchas personas el trastorno es sutil y crónico (no se presenta como una crisis tras el consumo sino como un problema constante, acumulativo, que puede dar síntomas muy generales y muy variables. En estos casos a menudo no se llega a asociar el malestar con la leche y se mantiene el problema.

Se ha relacionado con un mayor riesgo de cáncer.

La leche es rica en IGF1, una hormona de crecimiento que nuestro propio organismo puede confundir con la que él produce naturalmente. Las personas con altos niveles de esta hormona tienen más posibilidades de desarrollar un cáncer, especialmente de mama (en el caso de la mujer) o de próstata (en el caso del hombre).

A parte de esa hormona de crecimiento, la Caseína, una proteína que abunda en la leche, también se ha relacionado con un mayor riesgo de cáncer.

Conclusión

Por todo lo anteriormente citado, yo aconsejo que se limite el consumo de leche. Al final la cuestión es simple: la leche está hecha para los recién nacidos, beberla en la edad adulta es una anomalía y habitualmente, cuando se contradice la naturaleza insistentemente, algo acabe descompensándose. No obstante, si se quiere consumir leche, se puede hacer con mayor o menos seguridad. Consumir leche con moderación, ecológica, desnatada y enriquecida con calcio obtenido de algas solventa algunos de los factores negativos de la leche.

Olvidando las dietas y mejorando la alimentación

Las dietas de adelgazamiento son en muchos sentidos una mala idea. Principalmente (y de ahí derivan gran parte de las críticas que pueden hacerse al respecto) una dieta es una medida que se adopta temporalmente para lograr una pérdida de peso y que se abandona una vez logrado el objetivo.

En primer lugar, estamos hablando de sobrepeso, tener demasiada grasa y tenerla mal distribuida no son lo mismo: La solución para lo primero es perder grasa y para lo segundo es hacer ejercicio. Para tener una buena figura hacen falta varias cosas: tener la cantidad justa de grasa, tenerla bien distribuida y tenerla bien ceñida por una musculatura tonificada. También la retención de líquidos y gases puede alterar la silueta.

En el caso de que haya un exceso real de grasa, se debe tener en cuenta que hay muy pocas enfermedades que predispongan a la obesidad y aunque parece que el potencial de acumulación de grasa está determinado genéticamente, la mayoría de veces, la gente con sobrepeso lo tiene porque se alimenta inadecuadamente: consumen más calorías de las necesarias en comidas que, por otra parte, aportan menos nutrientes de los requeridos. Y cuando alguien se pone a dieta, la mayoría de las veces cambia una alimentación con demasiadas calorías y pobre en el resto de nutrientes por una alimentación demasiado pobre en calorías e igualmente carenciada en el resto de nutrientes.

Incluso sin entrar en el problema del déficit de nutrientes, las oscilaciones bruscas en la cantidad de calorías consumidas es un problema grave: el llamado efecto yoyó. Lo que la mayoría de gente sabe del efecto yoyó es que hace que se recupere peso más fácilmente después de perderlo, pero en realidad es algo más profundo y grave: Cuando el cuerpo de repente recibe menos de lo que está acostumbrado, se desencadena una alarma ¡Es tiempo de vacas flacas! El cuerpo se pone a escatimar, el metabolismo se ralentiza en un intento de capear la falta de energía. Y cuando la persona deja el régimen, en cambio, se ponen en marcha mecanismos de ahorro a largo plazo ¡Hay que aprovechar ahora por si vuelven los malos tiempos! El cuerpo escatima energía para convertir la máxima cantidad de calorías en grasas, y estimula el apetito para aumentar la ingesta. Esto es el efecto yoyó. Este hecho es aprovechado por los luchadores de sumo, que alternan períodos de ayuno con períodos de comer mucho para lograr un peso que de otro modo no podrían alcanzar.

El mejor modo alcanzar el peso ideal es mediante una alimentación correcta:

* Sana: para que las calorías consumidas vayan acompañadas de otros nutrientes que necesitamos.

* Variada: para obtener todos los nutrientes que necesitamos (todas las vitaminas, aminoácidos, antioxidantes, minerales, etc…

* Comedida: consumir las calorías necesarias, no muchas más ni muchas menos.

* Estable: estos criterios no han de aplicarse sólo cuando queramos perder peso, sino siempre, toda la vida.

Estos criterios deberían aplicarse siempre. Lo único que podría modificarse si ya existe sobrepeso es la cantidad de calorías diarias. Evidentemente, si aportamos lo que gastaremos no se producirá la pérdida de peso, por lo tanto deberemos consumir algo menos de lo que gastaremos y así obtendremos el resto de las grasas acumuladas. Pero la diferencia debe ser pequeña: 250 calorías menos de las necesarias al día provocarán una pérdida de peso lenta pero regular y segura. Pero ha de ser un cambio en la cantidad, no en el tipo de alimentación, que ha de ser siempre sana, variadada y comedida.

Macerar aceites: un modo dar variedad a los aliños

Se pueden mezclar diversas sustancias con el aceite para que éste tome su sabor. Los aceites aromatizados dan mucha diversidad. Preparadlos siempre con aceite de primera prensión en frío. Podéis imaginar mil opciones y os animo a que pongáis en práctica cualquier idea que se os ocurra.

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Aquí tenéis algunas ideas:

Aceite de azafrán: se ponen tres hebras de azafrán en una sartén, con cuidado de que no se queme y se dejan tostar durante 10 segundos. Se ponen en una botella y se rellena con 250ml de aceite de oliva. Se deja macerar un mínimo de 4 semanas en un lugar fresco y oscuro.

Aceite de ajo: se trituran 4 dientes de ajo con un poco de aceite en un mortero, se pone en una botella y se rellena con 250ml de aceite de oliva. Se deja macerar durante un mínimo de 3 semanas en un lugar fresco y oscuro.

Aceite de limón: se pela el limón, se corta la pulpa a rodajas, se meten en una botella y se espolvorea con un poco de sal fina. Se deja reposar durante 20 minutos y luego se rellena con 250ml de aceite de oliva. Si el limón es de cultivo ecológico, se puede utilizar también la piel: se deja secar y se añade al aceite. Se deja macerar durante un mínimo de 6 semanas en un lugar fresco y oscuro.

Aceite de jengibre: se ralla un poco de jengibre fresco y se ponen las virutas en una botella, que se rellena con 250mg de aceite de oliva. Se debe dejar macerar durante un mínimo de 4 semanas en un lugar fresco y oscuro.

Aceite de olivas: se rallan olivas negras hasta tener suficiente pulpa para tres cucharadas. Se ponen en una botella y se rellena con 250 ml de aceite de oliva. Se deja macerar durante 4 semanasen un lugar fresco y oscuro. La pulpa de oliva puede comprarse ya triturada: se llama olivada.

Aceite de anchoas: Se compran anchoas en conserva. Es muy importante que el aceite sea de aceite de oliva (ciudado con eso: a menudo en el etiquetado pone que lleva aceite de oliva pero en realidad sólo una pequeña parte es de de oliva, el resto es de aceites de mala calidad) Podéis añadir las anchoas trituradas a la maceración también. Dejadla macerar un mímino de 1 semana en un lugar fresco y oscuro.

Cómo hacer un aliño ligero y saludable

A menudo, los terapeutas nos encontramos con gente que quiere perder peso y que aseguran que comen básicamente ensaladas y verduras hervidas. A pesar de ello, siguen ganando peso. El quid de la cuestión suele estar en el aliño: brócoli al vapor aliñado con mayonesa de pote, ensalada con salsa rosa, etc…
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Para preparar aliños más ligeros y saludables debemos buscar varios objetivos:

Reducir la sal de los aliños:
La sal propicia el exceso de sodio, que se asocia a la retención de líquidos y en ocasiones con un empeoramiento de la hipertensión.
Si en vez de usar sal utilizamos especias, aportamos mucha variedad de sabores sin sobrecargar de sodio los aliños. Las especias, además, tienen propiedades diversas de las que podemos beneficiarnos.

Menos grasas y de mejor calidad:
Los aliños suelen ser ricos en grasas. A menudo además, se trata de grasas de muy mala calidad (sobretodo en los aliños preparados). Debemos utilizar aceites vegetales de alta calidad y rebajarlos con otras sustancias: agua, zumo de limón, vinagre, yogur desnatado, etc…

Evitar los químicos:
Los aliños preparados suelen contener estabilizadores, potenciadores de sabor, conservantes, colorantes y grasas hidrogenadas. Preparar tú mismo los aliños es la mejor manera de que no te cuelen estas sustancias.

Aprovechar el aliño a máximo:
Párate a pensar un momento antes de añadir el aliño: no pongas más del necesario. En el caso de los aliños líquidos, hacerlo puede ser complicado, pero si utilizas un pulverizador en vez de hacerlo a chorro o con una cuchara, utilizarás menos aliño pero lo saborearás más. Si lográis poner la cantidad justa de aliño, además, será menos tentador rebañar el plato con pan (que es otra de las cosas que suelen hacer los que no comprenden cómo engordan si sólo comen verdura)

Además, un truco que da muy buen resultado es utilizar para hacer el aliño algunos de los ingredientes que habitualmente se ponen en la ensalada y que contienen muchas calorías (como las aceitunas, los frutos secos o el aguacate). Al triturarlos y repartirlos más uniformemente podremos disfrutar de su sabor y sus propiedades con menos cantidad.

El uso del zumo de limón es otra buena idea cuando hablamos de aliños por varios motivos: su sabor fuerte disminuye la necesidad de sal, la vitamina C que contiene ayuda a que aprovechemos mejor el hierro de los vegetales y además es un buen modo de aumentar el aliño sin necesidad de aumentar el aceite.

Las claves del colesterol (3ª Parte): La otra forma de ver las cosas

En anteriores artículos hemos visto qué es el colesterol, por qué constituye un riesgo y qué factores pueden influir en su grado de peligrosidad. Pero la pregunta que no se ha contestado satisfactoriamente es ¿por qué el organismo, a veces, persiste en mantener elevados los niveles de LDL-Colesterol “malo”?

Cuando a alguien se le diagnostica una hipercolesterolemia, lo primero que hace es suprimir las fuentes de colesterol de su dieta. No obstante, muy a menudo el resultado es que el hígado se pone a fabricar todo el colesterol que se ha dejado de consumir. El enfermo pasa entonces a tener el mismo exceso de colesterol, aunque ahora es colesterol endógeno.

Pero sigue en pie la pregunta ¿Por qué el organismo insiste en mantener ese desequilibrio que puede matarlo? ¿Por qué el hígado invierte el esfuerzo y las materias primas necesarias para producir unas cantidades de colesterol endógeno que a primera vista son perjudiciales para la salud? Puede que nuestro cuerpo esté tomando una “decisión errónea” al mantenerlos elevados, que el hígado esté fallando en una de sus funciones. Pero ¿y si nuestro organismo sabe perfectamente lo que está haciendo?

Algunos han propuesto que los niveles elevados de colesterol responden a una necesidad fisiológica real. Según este punto de vista, el problema no es que haya un exceso de colesterol, sino que ese colesterol se oxide, se deposite en las arterias y genere placas de ateroma.

El exceso de colesterol como protección vascular

Las arterias son unos conductos delicados. Con el paso del tiempo, pierden parte de su elasticidad y eso las hace más vulnerables a las roturas, como una manguera envejecida se puede agrietar.

Se ha propuesto la idea de que el exceso de colesterol es la respuesta del organismo a la degeneración natural de los vasos sanguíneos: el cuerpo estaría tratando de forrar, aislar y ablandar las paredes de los vasos untándolos con una capa de grasa. Imaginad un trozo de cuero: si se deja a la intemperie y con el paso del tiempo se volverá rígido y quebradizo. En cambio, si se engrasa y se trabaja, recuperará su elasticidad e impermeabilidad.

Según esta propuesta, el problema no sería entonces un nivel elevado de colesterol en sangre, sino la necesidad de ese exceso de colesterol y que ese colesterol se oxidase, se solidificase y que se depositase en forma de placas que van haciéndose cada vez más grandes y más duras (placas de ateroma).

Según esa teoría lo que habría que hacer no es bajar los niveles de colesterol, sino mantener ese exceso de colesterol en buen estado, protegido de la oxidación.

Cómo lograrlo es una pregunta que todavía no tiene una respuesta completa. Se sabe que ciertos nutrientes evitan la oxidación del colesterol y se sabe que el exceso de otras lo favorece. La estrategia en este sentido sería pues reducir los oxidantes y asegurar un correcto aporte de los antioxidantes.

Enfrentar el exceso de colesterol

Teniendo claro todo lo expuesto, podemos proponer un curso de acción distinto al habitual (medicarse con estatinas y suprimir las fuentes de colesterol de la dieta). Esta alternativa no busca reducir el colesterol sino protegerlo.

El modo en que puedéis proteger vuestro colesterol es controlando la dieta. No es una respuesta muy original, pero no por eso es menos válida.

* No abusar de las carnes, huevos y lácteos: reducirás las fuentes principales de colesterol exógeno, de grasas saturadas y de proteínas productoras de homocisteína.

* Comer pescado azul al menos 3 veces por semana: El pescado es muy rico en Omega 3, una grasa muy necesaria que, entre otras cosas, aumenta los niveles de HDL-Colesterol “bueno” (facilitando la renovación y movilización del LDL-Colesterol “malo”), regula los proceso inflamatorio (mejorando el estado de los vasos sanguíneos) y evita la formación de coágulos en la sangre (que son mucho más peligrosos si hay arteriosclerosis). El pescado azul (sardina, boquerón, caballa, palometa, caballa, chicharro, atún, bonito del norte, salmón, anguila, pez espada) es más rico en Omega 3 que el blanco. Además, es rico en vitaminas del grupo B, que son necesarias para evitar que la homocisteína se acumule. También es rico en vitamina E, que protege al colesterol de la oxidación.

* Hacer hincapié en los alimentos vegetales. Los alimentos vegetales deberían ser la principal fuente de calorías en la dieta: legumbres, cereales, semillas, verduras y frutas. A menudo, la gente dice que come suficiente verdura pero en realidad sólo la comen en una comida del día y a menudo son cocinadas de mala manera (fritas, rebozadas, etc…) o son verduras congeladas, que pierden gran parte de sus propiedades. Las legumbres no suelen consumirse cada día y casi siempre se comen estofadas (con jamón y chorizo y panceta). Los cereales suelen tomarse en formas procesadas (panes y harinas blancos, cereales de desayuno, arroz blanco y pastas hechas con harinas refinadas, etc…) y además solemos tener muy poca variedad (arroz y trigo, básicamente) a pesar de que hay muchísimos cereales (mijo, quinoa, avena, espelta, kamut, etc…). Respecto a las frutas, normalmente no comemos suficientes. En resumen: comer más alimentos vegetales, mejor cocinados, menos procesados y más variados es la mejor manera de proveernos de los antioxidantes que protegen el colesterol, de las vitaminas B6 y B9 necesarias para reducir la homocisteína (la B12 se debe obtener de fuentes animales) y de la Vitamina C y los flavonoides que mantienen flexibles las arterias, reduciendo así la necesidad de colesterol.

Además de mejorar la dieta, debemos proteger nuestro hígado para asegurar que el metabolismo del colesterol sea correcto. Evitar el alcohol y el abuso de medicamentos, grasas y drogas es la mejor manera de proteger el hígado.

La dieta es el modo más sano, barato, responsable y beneficioso de controlar vuestra salud. No obstante, existen susplementos nutricionales que pueden ayudar a potenciar el proceso si no basta con la alimentación. Consulta con un naturópata si es necesario.

Gel facial reafirmante de Anne Marie Borlind

Quiero recomendaros este fantástico producto de Borlind. Se trata de un gel bastante líquido que se aplica, según recomendación de la marca, como si fuese un tónico (es decir, después de la limpieza y antes de la crema de día o noche si se usa).
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Sus efectos son visibles desde el primer momento, afinando los poros, alisando la piel y suavizando las zonas enrojecidas (cuperosis). Yo he notado que tiene además un ligero efeco hidratante que no tienen los tónicos líquidos.

La marca asegura que tersa en un 38% el cutis del rostro en 28 días y que reduce en un 20% el enrojecimiento de la piel. La verdad es que yo personalmente no he notado que mi piel responda mejor a sus efectos después de un mes, aunque cada piel es un mundo.

El precio ronda los 30€ (en botella de 50cl, que da para bastante tiempo), pero existen muestras de este producto, si no os atrevéis a comprarlo de entrada, podréis probarlo antes.

Si queréis encargarlo on-line podéis encontrarlo, por poner algunos ejemplos, en CasaPià, en Dietética Express, en  Compra Natural o en Dietética Online.

El gran error de la “dieta” de savia de arce

La a veces mal llamada, “dieta” de la savia de arce es un tema que me escama especialmente. Esta potente herramienta depurativa se utiliza y publicita como un método para perder peso. Esta concepción es peligrosa.

perder-pesoEn teoría, es un semiayuno para depurar el organismo de toxinas. Por una parte, al no consumir alimentos sólidos, el cuerpo puede invertir gran parte de su atención en funciones de limpieza. Por otro lado, al aportar menos calorías de las necesarias, el cuerpo se ve obligado a utilizar las grasas. Como en las grasas se acumulan también gran parte de nuestras toxinas, éstas son a la vez movilizadas y, con suerte, expulsadas.

La pérdida de peso es un efecto secundario debido, en parte a que se eliminan grasas y también porque se eliminan líquidos y gases retenidos. No obstante, como dieta de adelgazamiento no son buena idea. Vemos por qué.

En primer lugar, los ayunos y semiayunos, como cualquier dieta hipocalórica, promueven el efecto yoyó. Si nuestra alimentación habitual no es correcta, recuperaremos el peso y aumentaremos nuestra tendencia al sobrepeso. No obstante, aunque a grandes rasgos es conocido que se trata de una dieta depurativa, cada vez que empieza el verano o acaban las navidades, me encuentro con mujeres que, a pesar de tener una alimentación descuidada y altamente tóxica, de repente tienen un gran interés en depurarse. Una vez se han depurado (de los 6 kilitos que les sobran) empiezan el verano con bikini nuevo, cervecitas, helados y etcétera. Estas personas no están haciéndose un favor.

De todos modos, incluso como método depurativo, he de deciros que a mí no me acaba de convencer. El sirope de savia de arce que se vende con este fin (que en realidad es una mezcla de siropes de arce y palma) tiene un índice glicémico elevado, de 57, lo cual supone un desarreglo insulínico (este dato lo he obtenido de Sirop Vital y es el único de los muchos distribuidores a quieres he preguntado que me lo ha facilitado). Este tipo de alteración hormonal es común en la mayoría de comidas que hacemos, ya que es muy habitual la carencia de fibra, pero elegir un sistema depurativo que también falla en eso es una lástima.

Y de todos modos, debéis ir con cuidado con los ayunos. Como decía no recuerdo quién, el ayuno es la cirugía de la medicina natural, un recurso agresivo que se ha de utilizar con cuidado. Pensad que la potentísima efectividad de un ayuno como método depurativo viene de la gran cantidad de toxinas que pueden movilizarse en tan poco tiempo. Pero esa cantidad elevada de toxinas es también un riesgo. Para sobrellevar la carga tóxica que se moviliza es necesario que nuestro organismo (hígado, riñón, sistema linfático, etc…) esté en buena forma y capacitado para gestionarla. A nivel energético, también es necesario que estemos suficientemente fuertes para soportar el régimen calórico.

Sé que es muy tentadora la idea de perder hasta 8Kg  en poco tiempo, pero es “pan para hoy y hambre para mañana”. Debemos desterrar la idea de que la dieta de savia de arce sirve para perder peso y tenerle el debido respeto y precaución como método depurativo.

El miso, un “avecrem” sano

El miso es un condimento japonés cuyo nombre quiere decir “fuente de sabor”. Se utiliza para hacer más sabrosos muchos de los platos de la cocina tradicional japonesa y para preparar caldos. En cierto modo, se utiliza como nuestras pastillas de caldo pero en vez de ser un concentrado de desechos de la industria alimentaria y sustancias químicas, el miso natural se elabora a partir de soja fermentada y cereales y tiene propiedades medicinales. Las bacterias utilizadas para la fermentación favorecen la digestión por lo que los platos cocinados con miso son más digestivos. Los fermentos también favorecen la salud del intestino, mejorando la absorción de nutrientes. Los mismos microorganismos aportan al miso Vitamina B12, por eso es un alimento muy interesante para los vegetarianos estrictos, que pueden tener problemas para obtenerla (el tipo de B12 que se encuentra en los vegetales no es tan funcional) Por otro lado, el miso contiene una sustancia, el Zybicolin, que es capaz de absorber y eliminar elementos radioactivos. Es desintoxicante también a otros niveles (se recomienda su consumo a los fumadores y habitantes de ciudades contaminadas, y alcaliniza el organismo, que con las dietas industrializadas suele estar acidificado) No contiene colesterol pero sí sal, así que cuidado los hipertensos.
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Todas las propiedades de la soja están también presentes en el miso: los fitoestrógenos que regulan la salud hormonal de la mujer y previenen la osteoporosis, la lecitina que estimula el cerebro y regula el colesterol y su gran cantidad de proteínas altamente asimilables.

Aunque todos los misos se elaboran con soja, se distinguen diversas variedades en función del tiempo de fermentación y los cereales que se añadan a la soja:

Kome (o Shiro) Miso: se fermentan soja y arroz blanco siendo éste último el que . Es el más líquido. Tiene un sabor más dulce y es más adecuado para consumir en los meses cálidos.

Shiro Miso: se fermenta con soja y arroz como el Kome pero éste contiene mayoritariamente arroz. Fermenta muy rápidamente, dos semanas. Tiene el sabor más dulce.

Genmai Miso: se fermentan soja y arroz integral fermentado durante un año y medio en barriles de cedro.  Es de sabor más fuerte.

Mugi Miso: se fermentan soja y cebada durante uno o dos años. Es el segundo en cantidad de proteínas y el de sabor más suave.

Natto Miso: con soja y cebada, como el Mugi, pero con una fermentación más corta (uno a tres meses) y al que se añade alga kombu, jengibre, sirope de cebada y sal marina.

Hatcho Miso: sólo se fermenta la soja, sin añadir otros cereales durante tres años en bariles de cedro cubierto de piedras. Es el más concentrado (el que tiene menos agua e hidratos de carbono) y por lo tanto el que tiene mayor cantidad de proteínas, grasas y minerales (sobretodo calcio, fósforo y hierro) Es también el que tiene menos sal. Ideal para los meses fríos y para la gente que se siente debilitada, es friolera, etc…

También existen misos de mala calidad, fermentados durante poco tiempo con calor para acelerar el proceso y protegidos por conservantes. Os aconsejo buscar misos naturales, elaborados con soja y cereales de cultivo biológico y no transgénicos. Luz de Vida (BioSpirit)  o Finestra Sul Cielo por ejemplo, comercializa misos con estas características.

El miso se presenta como una pasta espesa. Se añade a los cados y estofados al final de la cocción, ya que no conviene cocerlo (el calor destruye los microorganismos). Se conserva muy bien y durante mucho tiempo, ya que es rico en sal.

La copa menstrual, una alternativa ecológica y sana a los tampones

A pesar de que hace ya años que oí hablar de ello por primera vez, hoy en día todavía no se conoce demasiado esta alternativa a los métodos de control de la menstruación. La copa menstrual es un recipiente de silicona que se introduce doblado en la vagina. Una vez dentro, recupera su forma ciñéndose a la pared vaginal, recogiendo en su interior el flujo. Se puede dejar dentro hasta 12 horas ya que no es tóxica y tiene una gran capacidad de almacenamiento. A la hora de vaciarla, se retira y se vacía en el inodoro, se limpia con agua (o con papel, si no es posible con agua) y se vuelve a introducir. Una vez finalizado el ciclo, se esteriliza hirviéndolo o limpiándolo en el lavaplatos y se guarda para el siguiente.

mooncoup
Sé que esto no os debe de haber aclarado mucho, así que echadle un ojo a este vídeo.

Las ventajas son las siguientes:

  • Más barato: unque vale unos 30€, tiene una vida de entre 5 y 10 años, lo cual supone un ahorro económico tremendo.
  • Más ecológico: aunque la silicona no es biodegradable ni reciclable, la copa requiere muchos menos recursos y productos químicos de los que serían necesarios para la producción, almacenamiento, venta y procesado de residuos del  equivalente de tampones o compresas que usaríamos en el mismo período de tiempo.
  • Mas sano: Los tampones resecan el interior de la vagina haciéndola más vulnerable a las infecciones (candidiasis, vaginitis, etc…) y además pueden provocar intoxicaciones (Síndrome del Shock Tóxico). Las compresas irritan y mantienen demasiado húmeda la vulva, favoreciendo también las infecciones.  Ambos productos, a no ser que sean ecológicos, contienen productos químicos (como el cloro) que tienen efectos negativos. La copa menstrual es de silicona estéril que no permite la proliferación de infecciones en ella misma. Además, como no altera las condiciones naturales del interior y el exterior de la vaginal y carece de productos químicos (anticoagulantes, blanqueadores, etc…) es mucho más segura para la salud.
  • Más higiénico: sé que a primera vista puede atacaros los escrúpulos la idea, pero os invito a pensar en los aspectos menos agradables de los tampones y las compresas, esos en los que no pensamos por estar ya acostumbradas,  y a daros cuenta de que en realidad es sólo una cuestión de hábitos.

Por lo que he visto,  hay muchas marcas, pero las que parecen más fáciles de comprar en España son DivaCup y Mooncup, aunque no se encuentran tampoco en cada esquina. He oído que en algunos herbolarios y farmacias se puede encontrar, pero si no, he encontrado un par de tiendas on-line de España:

Para comprar MoonCup (29.95€ + gastos de envío):
Para comprar DivaCup (30€ + gastos de envío):

Y para las que queráis saber la opinión de otros usuarios y los argumentos que esgrimen, podéis echar un vistazo en estos enlaces:

  • Opiniones en www.nopuedocreer.com: Ver
  • Opiniones en www.crianzanatural.com: Ver 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9
  • Opiniones en www.forovegetariano.org: Ver