Asertividad (Parte 3): Otro ejemplo.

comunicacion_asertivaLa comunicación asertiva es una técnica de comunicación que ayuda a resolver conflictos. Hay en el blog un artículo que habla de la teoría, «Asertividad (Parte 1): Aprendiendo a comunicarse«, y otro con un ejemplo práctico, «Asertividad (Parte 2): Un ejemplo«. Una lectora, Ana, pedía en un comentario otro ejemplo de comunicación asertiva. Y si en el anterior ejemplo hablábamos de un conflicto en el trabajo, hoy vamos hablar de problemas familiares.

La situación, más o menos

María y Antonio acaban de comprarse un piso. En cierto sentido, han tenido suerte ya que su hijo Tito ya tiene 2 años y en su anterior vivienda no tenían habitación propia mientras que la nueva tiene 3 habitaciones (hasta podrían tener otro hijo). Además, ha sido una oportunidad de las que aparecen de vez en cuando ya que les ha costado mucho menos de lo que cabría esperar. De hecho, la hipoteca que tienen ahora les sale por menos que el alquiler que pagaban antes por un piso mucho más pequeño. Por otro lado, tampoco es la situación perfecta que María ahora mismo no tiene trabajo (lo dejó para atender al niño y todavía no ha encontrado la oportunidad de volver al mercado laboral). Por suerte, Antonio ascendió hace unos meses en el suyo y al menos tienen suficiente para mantener la economía familiar a flote.

Hace una semana que se han trasladado. El piso tiene lo imprescindible para vivir pero todavía no es cómodo vivir en él: tiene los muebles imprescindibles pero todavía faltan bastantes y sólo han podido desempaquetar las cajas más imprescindibles ya que no hay dónde guardar lo que hay en el resto.

Antonio tiene mucho trabajo últimamente y Tito no va a la guardería. María lleva una semana trantando de acomodar a la familia en su nueva casa pero la falta de muebles se lo pone difícil: no puede deshacer las cajas porque no tiene dónde guardar las cosas y no tener nada a mano hace que todo sea muy incómodo. Maria sabe que necesitan dedicar un fin de semana a conseguir los muebles y para eso necesita la ayuda de sus suegros (para que se hagan cargo del niño) y de su marido (para que lleve el coche) Una vez tenga los muebles podrá empezar a montarlos, a guardar las cosas, etc… Mientras tanto, se dedica a mirar catálogos, trajinar con la cinta métrica y hacer listas de cosas que le enseña a Antonio cuando vuelve de trabajar por la noche en un intento de elaborar una lista definitiva que permita zanjar el asunto en un sólo fin de semana.

María está muy agobiada, se pasa todo el día en un piso incómodo e inhóspito con un niño aburrido (los juguetes están empaquetados todavía) al que no puede prestar toda la atención que requeriría. Antonio no vuelve hasta tarde y se muestra enfadado y crítico cuando ella trata de involucrarlo en el proceso de hacer habitable la casa «¿No voy a poder descansar ni el fin de semana?«, «Es el tercer armario que me enseñas ¡yo qué se!» «¿Te crees que somos ricos?«.

Vale, hasta aquí la descripción de la situación tal como la vive María. Veamos cómo se enfrenta a este conflicto.

Opción 1: Enfoque no asertivo

Es viernes y María lleva toda la semana aguantando a su hijo aburrido y a su marido malhumorado. Antonio sale de trabajar a las siete, y a las ocho llama para decir que se va a ir a cenar con unos compañeros de trabajo para celebrar un encargo que ha salido bien. María dice que vale pero por el tono Antonio ya sabe que de vale nada, que se va a tener que comer una bronca cuando vuelva a casa. La cena se alarga mucho más de lo que lo haría si Antonio no estuviese evitando a su mujer. Vuelve a las doce con la esperanza de que esté dormida. Pero María no está dormida, sino despierta y cabreada y en cuanto entra por la puerta toda la tensión acumulada, todo el sentimiento de haber sido injustamente tratada se carga y dispara directo a Antonio.

María: Llevo toda la semana diciéndote que teníamos que ir el fin de semana a comprar los muebles y tu vas y te quedas de juerga hasta las tantas.

Antonio: ¡Joder! ¿Hasta las tantas? Llevas toda la semana sentada mirando catálogos mientras no no he salido de trabajar ni un dia antes de las ocho, esperas que me pase el fin de semana también currando ¿y no puedo ir a cenar una puta noche? ¡¿No me vas a dejar tranquilo ni un maldito día?! Toda la semana dando la paliza y me lías el fin de semana también. ¿Cuándo se supone que descanso yo?

María: ¡Me he pasado toda la semana ocupándome de la casa y del niño! ¿Te crees que no cansa? ¿Te crees que a mí me apetece? ¿Tú has visto cómo está la casa? No puedo seguir más así. Lo siento si la necesidad de muebles te fastidia, pero es lo que hay. Llevas toda la semana lloriqueando como un crío, pues ya tengo suficiente con el de dos años, joder. Cuanto antes tengamos muebles antes podremos vivir de verdad aquí.

Bla bla bla… la cosa continua y el tema se amplía, ya no es sólo lo del fin de semana y lo de la cena, la discusión acaba sometiendo a revisión la decisión de meterse en una hipoteca, la falta de trabajo de María, el exceso de trabajo de Antonio, la separación de las tareas domésticas, mil comentarios que uno u otro se tomaron mal en algún momento, etc…

Opción 2: Enfoque asertivo

Empatizar con nuestro interlocutor és muy útil a la hora de hablar asertivamente. Se supone que amamos a nuestra pareja, que nos gusta su forma de ser y que la conocemos bien. Todos estos hechos deberían ayudarnos a comprender a la otra persona. Si María hace un esfuerzo, seguro que podrá comprender qué está sucediendo con Antonio. Después de todo llevan años viviendo juntos, han vivido situaciones de todo tipo, lo conoce mejor que a cualquier otra persona. Seguramente puede ponerse en su lugar y hacerse una idea de por qué se está comportando de esa forma. Si deja de verlo como un cretino gruñón que ignora sus necesidades tal vez verá al hombre agobiado de trabajo, asustado del futuro, sobrepasado por el presente. En el fondo, lo mismo que le sucede a ella. Si en vez de enfadarse puede comprender a Antonio tal vez pueda sobrepasar la barrera de hostilidad que él ha alzado a su alrededor.

Si esta pareja se tratase asertivamente desde hace tiempo, probablemente la situación no habría llegado hasta este punto, pero imaginemos que, justo el momento en el que María está enfurruñada y acumulando rabia y frases hirientes en casa a la espera de que Antonio vuelva de cenar, algo hace «clic» dentro de su cabeza y de repente se da cuenta de que no tiene sentido que esté sintiendo tanta rabia por ese hombre, que es el padre de su hijo, el hombre que ha elegido, su compañero desde hace tantos años y con quien acaba de empezar una etapa de sus vidas que debería ser especialmente dulce. Se pone en el lugar de Antonio y comprende que sólo está agobiado, como ella. Observa la pelota enorme que ha estado formándose en su cabeza y se da cuenta de que es tan simple como tener muebles: han vivido muchos cambios (aunque han sido buenos), su futuro es incierto (aunque pueden ser optimistas al respecto) y están sometidos a mucha tensión.

María deja de pensar en lo injusto que está siendo su marido y se pone a pensar en lo fácil que es la solución. Se da cuenta de que simplemente necesitan estar a gusto y poder empezar a disfrutar de los frutos de su esfuerzo: necesitan que su nueva casa sea acogedora, María necesita tiempo para buscar una guardería para su hijo y poder así decidir cómo vivir los próximos años, si volverá a trabajar fuera de casa o si hará de ama de casa. Antonio necesita afianzarse en su nuevo puesto y no sentirse al borde del fracaso en algún aspecto de su vida, porque ahora se siente acosado por todos lados y si pueden estar a gusto en su casa tendrá al menos un pequeño oasis de bienestar en el que relajarse. María ya está siendo asertiva y ni siquiera ha empezado a hablar con su marido. Cuando Antonio vuelve, maría lo está esperando con una infusión preparada. No está enfadada, le pregunta qué tal le ha ido. Le sirve una bebida caliente, se sientan a charlar tranquilamente en la única mesa que tienen. Cuando Antonio se convence de que no van a gritarle y se relaja, María saca tranquilamente el tema:

María: Este fin de semana va a ser muy duro pero creo que una vez que tengamos los muebles estaremos mejor. Tengo muchas ganas de poder estar a gusto en casa. Todo irá mejor cuando podamos acomodarnos aquí.

Antonio: Estoy harto de la casa y de los muebles…

María: Ya, amor, yo también. Pero falta poco. Sólo un esfuerzo más. Sé que necesitas mucho descansar, ojalá pudiésemos hacer un paréntesis y pasar un fin de semana simplemente descansando, pero cuanto antes nos lo saquemos de encima mejor. Además este fin de semana tus padres pueden quedarse con Tito, tenemos que aprovecharlo. Vamos, mejor será que nos acostemos ya.

Ni siquiera ha habido discusión porque en realidad ni siquiera había desacuerdo. En este ejemplo no son tan importantes las técnicas como las emociones que hay detrás. A veces, cambiar lo que sentimos basta para cambiar absolutamente el guión. María no siente que Antonio es un ser insensible y Antonio no siente que María es una bruja que sólo quiere hacerle la vida imposible. Sólo es ya hace que naturalmente se traten como lo que son: un equipo que se enfrenta a una situación agotadora pero solucionable.

4 Comentarios

  1. El segundo ejemplo expresa un hecho muy común en la vida de pareja, bastante frecuente por cierto. Entendí que el diálogo asertivo tiene que empezar con uno mismo definiendo bien el conflicto, la problemática que genera en diferentes niveles y las alternativas de solución, incluso hasta nos podríamos imaginar diferentes respuestas y cómo actuar ante ellas,o sea, anticiparse asertivamente a las diferentes situaciones que genera un diálogo, para que, finalmente, la solución sea lo más adecuado para ambas partes.
    La regla es, evitar la violencia verbal y/o la sumisión o pasividad, porque ésto, cómo bien nos dices en la parte 1, generará más problemática y más emociones enfermizas. Gracias!.

  2. Me gusta este ejemplo porque no habla de grandes técnicas. Propone un simple cambio de perspectiva y explica lo que lógicamente puede suceder utilizando una u otra de una forma muy convincente y aleccionadora.

  3. me gusta es un ejemplo del diario vivir entre las parejas quienes ven su relación afectada y por ende hasta su vida sexual por no saber comunicarnos asertivamente,hasta el punto de ser esto causa de divorcio gracias por compartir estos ejemplos

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