Digestiones difíciles (Parte 1): Cuál es el problema

La pesadez, la somnolencia, el malestar estomacal, los gases y eructos, la acidez y regurgitaciones, etc… Las malas digestiones tienen muchas caras. Se pueden hacer varias cosas para mejorarlas. En este artículo vamos a verlas.

Lo que debe suceder

Veamos primero qué se supone que ha de suceder durante la digestión:
Apartato digestivo y elementos importantes de la digestión

  1. Los alimentos han de ser bien masticados y mezclados con saliva en la boca y llegar al estómago a un ritmo manejable y convenientemente licuados.
  2. El estómago ha de descomponer el bolo alimenticio hasta que sea completamente líquidos. Debe empezar a descomponer los nutrientes en moléculas absorbibles mediante el ácido clorhídrico y las enzimas digestitvas. Estas sustancias han de estar presentes en las cantidades adecuadas para garantizar su parte del trabajo en un tiempo. El estómago ha de permanecer cerrado por arriba y por abajo y ha de ser capaz de resistir el efecto corrosivo de sus propias secreciones.
  3. Los alimentos (ahora llamados quimo) una vez en el duodeno (la primera porción del intestino delgado), han de mezclarse con los jugos pancreáticos y la bilis. Ambas secreciones han de contener todas las enzimas necesarias y en las cantidades necesarias para acabar de degradar los nutrientes rápidamente.
  4. Los intestinos delgado y grueso han de realizar contracciones ondulatorias para hacer abanzar el quimo. A estas alturas ya no deben quedar cantidades significativas de alimentos sin digerir y sólo queda la absorción del agua y los nutrientes pertinentes y evitar el paso de lo no deseado para que forme la bola fecal. El tránsito ha de ser relativamente rápido, ya que si no, se darán fenómenos fermentativos y putrefactivos problemáticos que generarán gases. La mucosa intestinal ha de ser íntegra para que pueda realizar la abosrción correctamente. La flora intestinal debe estar equilibrada, presentando la cantidad y proporción deseable de cada tipo de bacteria benéfica y una población reducida de bacterias perjudiciales.

Ahora que sabemos qué se supone que debe suceder, veremos que hay varias cosas que pueden fallar y provocar las digestiones problemáticas.

Lo que puede fallar

Para empezar, una cosa que falla más a menudo de lo que podáis pensar, es la ingestión. Tragar aire y alimentos mal masticados es un problema muy común que produce gases en el estómago y digestiones lentas (como los alimentos no están convenientemente masticados, han de permanecer más tiempo en el estómago y aún así, a menudo llegan al intestino sin haber sufrido toda la degradación que debrían)

Por otro lado, puede haber una producción insuficiente de alguno de los jugos implicados: del ácido clorhídrico, de las enzimas digestivas encargadas de desomponer los alimentos en sustancias absorvibles, ya sean estomacales, pancreáticas o biliaries . La carencia hace que la digestión se prolongue. Siempre que los alimento permanecen más tiempo del debido en el sistema digestivo, se favorece la producción de gases tanto en el estómago (eructos) como en el intestino (ventosidades y distensión abdominal). Además, la presencia de alimentos no digeridos en el intestino, cuando se supone que no tendría que haberlos, puede favorecer que las bacterias intestinales aumenten su rendimiento colaborando, de nuevo, con la producción de gases. Es decir, tanto si les damos más comida como si les damos más tiempo para comer, habrá producción de gases. Pero los gases no son el único problema que acarrea la carencia de enzimas digestivas. La presencia de sustancias que no deberían encontrarse en ese estado puede irritar la mucosa intestinal, que puede manifestarse en forma de heces demasiado blandas o incluso diarrea.

Otro gran factor en las digestiones difíciles es el estreñimiento. Como hemos dicho, si el alimento permanece más tiempo del debido, se producirán gases.

En ocasiones, el problema puede ser, no una falta, sino un exceso de, susceptibilidad a, o fuga de ácido clorhídrico, produciendo acidez de estómago y dolor. Entended lo siguiente: normalmente no es que haya, en términos absolutos, un exceso de ácido. A veces lo hay, a veces el problema es que el estómago no puede soportarlo, a veces que que ese ácido llega a donde no debería llegar. La mucosa estomacal debería ser capaz de resistir el ácido del estómago, pero lamentablemente mucha gente la tiene debilitada o lacerada y entonces la presencia de ácido, aunque sea en cantidades fisiológicas, se convierte en un problema: gastritis o úlcera gastro-duodenal. La carencia de ciertos nutrientes, el estrés, el abuso de ciertos fármacos (como muchos antiinflamatorios) o la infección por helicobacter pylori (una bacteria capaz de vivir en el estómago) son causas comunes de la debilidad de la mucosa estomacal. Otras veces, el ácido se convierte en un problema por un fallo en el esfínter esofágico: éste es el cierre superior del estómago. Se supone que, por norma general, debe abrirse en una sola dirección (para permitir entrar pero no salir), pero varios factores pueden hacer que pierda su eficacia. En este caso, parte de los jugos del estómago pueden filtrarse por el esófago, que al contrario que el estómago no está preparado para soportar el contacto con algo tan corrosivo. Este fenómeno es lo que se llama pirosis, que se siente como una abrasión a la altura del esternón, a veces con regurgitación ácida. La debilidad de este cierre puede deberse a una malposición de la boca del estómago conocida como hernia de hiato, que impide el cierre correcto del esfínter. Cierto alimentos (como el ajo o la cebolla), así como el tabaco, pueden favorecer la relajación del esfínter (es un músculo). Un exceso de gases en el estómago (ya sean ingeridos o producidos) también favorece este fenómeno.

La flora intestinal en mal estado es también una fuente de problemas digestivos (además de otros muchos de otro tipo). El exceso, carencia o desequilibrio de las diversas especies que conviven en nuestro intestino puede asociarse a gases, diarreas, estreñimientos y dolor.

En el próximo artículo, veremos qué medidas (dietéticas, con fitoterapia y con terapia ortomolecular) se pueden tomar para solventar o manejar todos estos factores que pueden desequilibrar el proceso digestivo.

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