Digestiones difíciles (Parte 5.1): Causas de la acidez

La acidez estomacal es uno de los problemas digestivos más comunes y los antiácidos son uno de los medicamentos más consumidos. A pesar de ello, mucha gente con esta dispepsia desconoce qué es lo que sucede cuando hay acidez, a qué otras enfermedades está asociada o qué otras enfermedades puede provocar, así como cuales son las causas de este trastorno.

acidez de estómagoNo siempre es un problema de exceso de ácido gástrico, aunque pueda parecerlo. Pensad lo siguiente: nuestro estómago produce un ácido muy corrosivo que no podríamos tocar con las manos desnudas. En realidad, es necesario un complejo mecanismo de defensa para evitar que esa sustancia tan agresiva nos lesione. Para protegerse, el estómago está recubierto de una gruesa capa que genera un moco protector y alcalinizante para contrarrestar el ácido gástrico. Y aun así, la pared interna del estómago se repara y regenera constantemente.

La acidez se manifiesta como un dolor ardiente en la zona del estómago o del esternón y sucede cuando el ácido gástrico producido por nuestro estómago entra en contacto con zonas no protegidas frente al mismo.

El extremo superior del estómago está provisto de un cierre hermético llamado esfínter esofágico que evita que el peligroso ácido salga del estómago por arriba y llegue al esófago, que no está tan bien protegido como el estómago y por lo tanto acusaría mucho más su acción corrosiva. Cuando el bolo alimenticio abandona el estómago, lo hace también el ácido que ha empleado, pero en el intestino delgado se vierten los jugos biliares y pancreáticos, que son alcalinos y que neutralizan así el pH del contenido intestinal, protegiendo de este modo la integridad del intestino.

Os explico todo esto para que comprendáis por qué en algunos casos, a pesar de no haber un exceso de ácido clorhídrico, puede producirse acidez: sucede cuando las protecciones de la mucosa digestiva fallan o cuando el ácido llega a zonas que directamente no tienen protecciones frente a él. Entonces, por poca que sea la cantidad de ácido presente, puede resultar un problema. Este es también el motivo por el cual el uso indiscriminado de antiácidos es considerado un peligro por el naturópata y la medicina natural, puesto que entendemos que si el sistema digestivo no está bien protegido, reducir el ácido no resolverá el problema sólo el síntoma más molesto.

Veamos todo lo que puede fallar, qué consecuencias puede haber y qué medidas se pueden tomar:

Acidez estomacal y sus consecuencias

Reflujo gastroesofágico, esófago de Barret y cáncer de esófago

Si el esfínter esofágico no cierra bien, el ácido puede llegar al esófago y lesionarlo. Esto se llama Reflujo Gastroesofágico (RGE), una regurgitación ardiente y dolorosa que sube desde el estómago a lo largo del esternón. Este trastorno es peligrosísimo: las repetidas lesiones en el esófago pueden hacer que las células de su superficie, en un intento de protegerse de tal agresión, cambien a células más parecidas a las de la piel. Esto se llama Esófago de Barret y aunque no suele manifestar síntomas concretos, se asocia con un incremento importante del riesgo de desarrollar un cáncer de esófago.

Hay causas químicas y causas mecánicas que pueden provocar un cierre incorrecto del esfínter esofágico.

  • Se trata de un músculo y hay sustancias que pueden aflojarlo. El ajo, por ejemplo o el tabaco tienen la capacidad de aflojar ese músculo. Las presiones internas del gas estomacal también puede forzar la abertura del esfínter (ya hemos visto el tema de los gases en la segunda entrega de esta serie de artículos).
  • Otra causa es la Hernia de Hiato, vamos a explicar en qué consiste. Hay un músculo llamado diafragma que es como una cúpula que separa la parte abdominal de la torácica y tiene un agujero que permite el paso del esófago, que está por encima de esa cúpula, para comunicarlo con el estómago, que está por debajo de esa cúpula. Ese agujero se llama hiato esofágico. La hernia de hiato es cuando la parte superior del estómago se escurre por esa la abertura y pasa a estar estrangulado por el diafragma, con una parte encima y otra debajo de él. Esa posición tan incómoda dificulta el cierre correcto del esófago (aparte de conllevar otros muchos problemas). En ocasiones, es una condición genética, pero también puede ser producido por otros factores de riesgo más controlables

Acidez estomacal, gastritis, úlcera gastroduodenal y cáncer de estómago

La producción de ácido clorhídrico está controlada por el sistema nervioso y por mediación de neurotransmisores y hormonas como la acetilcolina, la histamina y la gastrina y aunque no están claros todos los mecanismos que pueden desencadenar una producción anormalmente alta de ácido gástrico, está claro al menos que el estrés puede favorecer este fenómeno.

Además del exceso absoluto de producción de ácido, también puede suceder, como decíamos antes, que una cantidad normal de ácido resulte problemática cuando las protecciones fallan. Si la mucosa gástrica o duodenal no están en plena forma, el ácido les afectará, aunque no esté en exceso real. ¿Qué puede deteriorar la mucosa y hacerla susceptible incluso a cantidades normales de ácido gástrico? Hay varias causas.

  • Muchos fármacos, como los AINEs (antiinflamatorios de tipo no esteroideo, como la aspirina o el gelocatil) bloquean no sólo las prostaglandinas inflamatorias responsables del dolor, sino también las que median en la regeneración de la mucosa gástrica.
  • La infección por Helicobacter Pylori también puede dañarla. Esta bacteria es de las pocas que puede sobrevivir al ácido gástrico, coloniza la pared del estómago deteriorándola y exponiendo las capas menos protegidas a la acción ácida de los jugos gástricos.
  • Una debilidad en los mecanismos reparadores también puede favorecer la lesión progresiva de la mucosa gástrica. Muchas deficiencias nutricionales dificultan este proceso de regeneración (Omega 3 y 6, vitaminas del grupo B, vitaminas A, C y E, ciertos aminoácidos como la glutamina, etc…) De nuevo, el estrés puede favorecer la mala reparación y protección gástrica, inhibiendo la actividad inmunitaria.

Cualquiera de estos factores puede producir una gastritis (la inflamación de la pared gástrica) o una úlcera péptica en el estómago o en el duodeno (la primera porción del intestino delgado). Las úlceras, aparte de que pueden llegar a ser muy peligrosas y dolorosas en sí mismas, son además una lesión premaligna que aumenta las probabilidades de padecer un cáncer.

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