Educación alimentaria en los niños

La OMS advierte que la obesidad infantil es un problema demasiado habitual y la mayoría de padres saben lo  difícil que puede ser lograr que un niño coma lo que uno quiere que coma. Tal vez el problema es que sólo se piensa en la opinión de los nutricionistas, y se ignora la de los niños (que es a quienes tenemos que convencer).

Alimentación infantil sanaEn un programa donde se habla de obesidad infantil,  sale una mujer de una escuela leyendo el menú para un ese día: estofado de lentejas, ensalada con pescado y fruta. Dice que es un menú muy sano. Habría que verlo.
Y es que hay conceptos que llevan tiempo calando en padres y escuelas (el menú ha de ser equilibrado, no podemos dejar en manos de la escuela toda la educación alimentaria, etc…) pero hay otros que se están ignorando y que también son fundamentales.

Para lograr que un niño coma de todo y saludablemente, se deben tener en cuenta otras cosas a parte de un menú tal como se plasma en un papel. Si se quiere convencer a un niño de que la verdura o el pescado, son buenos, han de estar buenos.

Yo tuve la suerte de comer casi siempre en casa, porque vivía en la misma calle donde estaba la escuela. Pero alguna vez tuve que quedarme. Cuando en mi escuela había «verdura, pesado con ensalada y fruta» (queda saludable sobre el papel, ¿verdad?), lo que había era una ensaladilla rusa congelada, hervida hasta que todo tenía la misma textura y nada de sabor y aliñada sólo con un poco de aceite. El pescado de mi escuela era congelado, la típida barrita de merluza rebozada que queda mal cocinada, con textura de gelatina y acompañada por un poco de lechuga insípida. La fruta era una pera demasiado madura con zonas golpeadas que no podías descartar. Y era una escuela privada, molona y pija.

A parte de la calidad de la comida (que no es que fuese especialmente mala, era la típida comida que hay en la mayoría de casas), comer era una obligación que en ocasiones acarreaba muchas angustias a los niños, que se veían enfrentados a comidas que en el mejor de los casos eran insípidas y en el peor, algo que les repugnaba. Los niños tenían que echar mano de los trucos más asquerosos para librarse de esos alimentos que no soportaban: vomitar sobre el plato, guardarlo en el bolsillo, tirarlo al suelo y esparcirlo, sobornar a otros compañeros para que se comiesen su porción, etc… ¿Esas son formas de hacer que un niño perciba la comida como algo agradable? Esto es la mejor forma de provocar un señor trauma.

Muchos niños declaran: «no me gusta la verdura«. Cuando esto sucede es que algo está pasando. La verdura es un grupo muy amplio, no tienen nada que ver el sabor y la textura de la lechuga a la vinagreta, la de las espinacas salteadas con pasas y piñones, la de un brócoli al vapor y  la de una alcahofa estofada. Es poco probable que realmente no le guste ninguna verdura (aunque sólo sea porque es poco probable que las haya probado todas). Lo que sí es probable es que el niño esté generalizando a partir de las verduras que ha probdo. Y si esa idea (no me gusta la verdura, en general) se fija en su mente, en cuanto tenga la autonomía suficiente para elegir lo que come, no va volver a comer verdura.

Si el niño se queda con hambre porque ha logrado evitar lo que no le gustaba, al salir de la escuela irá loco por algo dulce y calórico. Si el niño tiene por un lado la comida congelada, mal cocinada, poco variada y sosa de la escuela y por otro lado tiene el bollicao, el tigretón o el kinder bueno del colmado… Adivina por qué va a decantarse.

Se debe propiciar que el niño descubra el placer de una alimentación sana. Aquí tenéis varios consejos orientados a lograr que vuestros hijos adquieran un gusto amplio y un interés sano en la alimentación:

No forzar al niño a comer lo que no le gusta: Todos tenemos nuestros gustos. A mí no me gusta la bechamel ni el picante y nadie me ha obligado nunca a comerlas, lo cual no me ha impedido adquirir un gusto amplio. Otros alimentos que antes no me gustaban han llegado a hacerlo a base de irlos probando (por propia voluntad) Mi madre me decía siempre: «Pruébalo al menos, si no te gusta, no te lo comes» y como no me sentía amenazada ni forzada, yo probaba y a base de probar descubría que cosas que me gustaban. Si al niño no le gusta el estofado de lentejas, cambia la receta o prueba con una ensalada de lentejas. Si al niño no le gusta la crema de calabacín, prueba con la tortilla de calabacín, y si al niño no le gusta, de ninguan manera, el tomate, pues no le obligues a comer tomate. La alimentación no puede ser una fuente de angustias y miedos.

Involucrar al niño en la alimentación: convertir la cocina en un juego agradable puede ser de mucha ayuda. Si el niño participa en la preparación de la comida, tendrá un interés especial en probarla. Encontrar placer en probar la comida es algo muy bueno para lograr una buena cultura alimentaria. Buscad recetas de preparación bien pringosa, que el niño nunca haya probado, y que os ayude a preparala. Explicadle cosas curiosas de los alimentos que capten su atención (que la alcachofa es una flor, cómo una seta es sólo una pequeñísima parte visible de un organismo que se vive debajo de un trozo enorme de bosque, etc…) y mezcladlo con nociones de nutrición que los ayuden a valorar los alimentos como fuentes de cosas que necesitan, que les hacen bien.

Lograr que al niño le guste lo que come: es muy importante que el niño encuentre un placer sensorial en la alimentación: los colores, el aspecto, la textura, el sabor han de ser estimulantes. Tratad los alimentos como algo especial y valioso, no como una obligación.

Hacer de la comida un proceso socialmente agradable para el niño: Tratad de comer juntos, hablando de cosas interesantes. Si vienen amigos a su casa, que se queden a comer, que expliquen cómo hacen en su casa el mismo plato. Enseñad al niño a comer con palillos chinos, a comer el arroz de pescado con una cáscara de mejillón, etc… Y sobretodo, no reservéis la hora de las comidas para pegarle la bronca o el sermón. Ha de ser un terreno seguro, tranquilo y divertido.

Cada uno encontrará sus métodos, adaptados a cada niño y a cada situación (y os animo a comentar vuestros trucos), pero lo importante es que se tenga en cuenta al niño y su forma de pensar y sentir, además de los nutrientes.

La foto es de Libertinus y está sujeta a licencia creative commons

5 Comentarios

  1. De rollo nada. Me ha gustado mucho tu aportación. Lo de los piñones me ha recordado al truco que tenía mi madre, que heredó de la suya (mi abuela) con el pescado. No es que les costase hacernos comer pescado (¡para nada!), pero si te sales de los infernales centros de merluza congelada se presenta el problema de las espinas. El juego era encontrar espinas, «¡Por cada espinita, una pesetita!» No veas lo concentrados que masticábamos todos el pescado, a la caza de hasta las espinas más pequeñas. He de decir que el negocio le salía mejor a mi madre cuando era pequeña que a mí. «Oye, mamá, eso de la pesetita… porque no rimamos con monedita y negociamos algo que tenga en cuenta la inflación?» Pescado (fósforo, DHA) y dinero ¿qué mejor para afinar el ingenio de un niño? Jejeje. Pero bueno, el juego valía lo mismo y además al final de todos modos siempre nos olvidábamos de las pesetas.

    Por cierto, os decía que no aguantaba la bechamel ¿no? La cosa es que de pequeña me sentó mal y la vomité… sobre el vestido que llevaba, sobre su falda. Sólo recuerdo la imagen de mí misma aguantando la falda del vestido como una princesita de cuento dispuesta a salir al baile, solo que en la falda había ¡vómito! y yo paseando por ahí sin saber qué hacer con él «¿Suelto el vestido? ¿No lo suelto? ¿¡Qué hago!?» . En fin. Pues ayer me comí una lasagna con bechamel como una campeona. Como es la tercera o la cuarta vez que como un plato con bechamel sin tener arcadas creo que puedo decir ¡trauma superado! Insitir en probar los viejos enemigos acaba resultando. Ya no tendrán que hacerme el plato especial en navidad, no tendré que despreciar las ensalzadísimas virtudes culinarias de mis tías con mi negativa a comer canelones ¡Yuju!

  2. Aich… Rocío me doy cuenta de que he repetido muchas ideas de las que ya habías escrito, pero es que me caliento, me caliento… y no hay quien me calle. Luego me quejo de mi madre pero soy igualita ;)

  3. Me parece importante la idea de no obligar al niño a comer un plato «porque sí». Pongamos como ejemplo las verduras (alimento complicadillo tradicionalmente).En realidad si lo pensamos bien decir «no me gustan las verduras» es como decir «no me gusta el cine», se pueden cocinar de tantísimas maneras que generalizar no tiene sentido. Ahora bien, si los papás entienden por verduras cinco platos únicamente… aquí ya empezamos a entender que el niño pueda afirmar rotundamente que no le gustan.
    A mi hermana y a mi de peques no nos gustaba demasiado la coliflor. Nos parecía más bien aburridilla, y olía a pedo. Así que mis padres alternaban coliflor con patatas, coliflor rehogada con pimentón y patatas, y… !Coliflor con bechamel y piñones gratinada!. El día que tocaba este plato mi hermana y yo dábamos brincos de alegría, porque entonces hacíamos una competición (los cuatro) de a ver quién encontraba más piñones. Y cada piñón que te encontrabas por sorpresa era un tesoro…
    Esto no quiere decir que esté de acuerdo con presentarle al niño la coliflor con forma de mister potato haciéndole ojiyos, nariz, bigote y deportivas con otros alimentos. Esto me parece una estupidez. La comida a de seguir siendo comida. Lo que se convierte en especial es el momento que se crea al sentarse toda la familia a la mesa.
    Aich, y lo último. Si los padres no dedican tiempo y cariño a todo lo que rodea la alimentación, por muchos trucos de magia que se quieran hacer, será imposible transmitirle esa costumbre al niño.
    Vaya rollo me he soltado.
    :)

  4. Este articulo esta muy bien y creo que es verdad que muchas veces no se tienen en cuenta los gustos de los niños. Yo antes llevaba a los crios a comprar al super y siempre estaban pidiendo esas galletas o esas patatas fritas, o esos cereales. Siempre pedian lo peor. Ahora ya no los llevo al super pero si al mercado (el de la boqueria) porque alli hay mucho para escoger pero sobretodo entre frutas, verduras. Les dejo escoger la frtua que mas les llame la atencion y cada semana probamos alguna rara (muchas estan malisimas, pero les sigue gustando poder elegir entre cosas raras)

    Feñizidades por el blog

  5. Nosotros tenemos un huertecillo y lo llevamos entre todos. A mi niño le gusta mucho comerse lo que ha echo crecer con sus esfuercitos. Esa es la mejor manera de hacer comer a un nene verduras y claro como además son ecologicas pues le gustan y le aprovechan mucho más

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