El dolor es un buen consejero

¿Imagináis romperos una pierna y tomar como única medida una dosis suficiente de analgésicos para suprimir el dolor? ¿Sin entablillado, ni radiografía, ni nada? ¿Entonces por qué tanta gente, cuando tiene un dolor de cabeza o de espalda, se limita a tomarse una aspirina?

Dolor y pastillas (Alex Ciopata)Hace tiempo que quería escribir sobre el tema y la lectura de un artículo de consumer eroski sobre analgésicos me ha impulsado a ponerme manos a la obra. Y es que ese artículo, que habla de cómo usar correctamente los analgésicos, adolece de un fallo de concepto que se comete a menudo.  Habla de no tomar ni más ni menos que la dosis indicada, no sobrepasar el tiempo máximo de tratamiento, así como de vigilar las interacciones y contraindicaciones, pero no se dice ni una palabra de lo más importante.

El dolor está por algo

Utilizar sensatamente un analgésico debería implicar siempre, necesariamente, tener en cuenta qué está indicando ese dolor. Pero, fuera de la medicina natural, eso no se dice ni se tiene en cuenta (como pasa en al artículo de consumer eroski.

Craso error.

Recordad alguno de esos anuncios:

«Me duelen las piernas después del ejercicio» Toma aspirina.
«Me duele la cabeza porque viajar en avión me estresa» Tómate una aspirina.
«Me duele la espalda de estar todo el día sentado en una silla incómoda» Aspirina al canto.

Y digo aspirina porque sus anuncios son exasperantes, proponiendo los usos más indiscriminados y las justificaciones más aberrantes (así puedo ser mejor abuelo / padre / estudiante y por supuesto «creo en aspirina porque me funciona» Amén.) pero podría aplicarse a cualquier otro antiinflamatorio.

El dolor cumple dos funciones:

  1. alertar de un problema
  2. desalentar actitudes perjudiciales

Por ejemplo: cuando nos esguinzamos el tobillo, el dolor nos avisa de que hemos sufrido daño, nos motiva para acudir al médico a realizarnos un diagnóstico y un tratamiento y nos hace ser conscientes de ello todo el rato promoviendo que se trate la zona afectada con la mayor delicadeza.

Pero a menudo ignoramos olímpicamente esas señales de alerta y esas indicaciones que nos manda el cuerpo. Tomamos un antiinflamatorio y seguimos caminando como si no tuviésemos el tobillo esguinzado, seguimos levantando peso como si estuviésemos preparados para hacerlo sin lesionarnos, seguimos usando esa silla infernal cuando deberíamos comprar una más adecuada, seguimos rebentándonos en el gimnasio a pesar de estar desgarrando con ese sobreesfuerzo suficientes fibras musculares como para que nos duela, seguimos sometíendonos a un estrés constante que está debilitando nuestras glándulas suprarrenales, etc…

Ese dolor de espalda, de pie, de cabeza, puede estar alertándonos de un problema mayor ya presente o futuro y está tratando de evitarnos más problemas. Pero estamos en la cultura del avestruz. Tómate la pastilla: si no sientes ese dolor, el problema habrá desaparecido. Lamentablemente, el dolor suele aparecer por algún motivo y lo más sensato sería averiguar cuál es y qué se debe hacer para resolverlo antes de hacer callar ese buen consejero (aunque molesto).

Los analgésicos no son caramelos

Por otro lado, dejando de lado esa lógica aplastante está el hecho de que igualmente no es bueno abusar de los analgésicos. Incluso en los casos en los que la causa del dolor es conocida y se han tomado las medidas pertinentes para resolver el problema o bien no hay nada que hacer, incluso así, tomar un analgésico no debería ser la única opción concebible. Deberíamos plantearnos más a menudo la posibilidad de no eludir ese dolor y enfrentarlo. Por ejemplo, esa chica que cuando tiene la regla se toma automáticamente un ibuprofeno (aunque el día que se le ha acabado tampoco lo necesita tanto como para bajar a comprarlo) tal vez podría simplemente aguantar el dolorcillo. O esa mujer que a veces llega a casa del trabajo con dolor de cabeza porque ha sufrido muchas tensiones durante el día podría simplemente irse a dormir (que es lo que necesita) y dejar en manos de su pareja el dar la cena a los niños en vez de tomar una aspirina para aguantar las dos horas de vigilia que suelen quedarle antes de acostarse. O ese trabajador sacrificado que se toma un paracetamol para aguantar el malestar y poder ir a trabajar heroicamente podría quedarse en casa y pasar el resfriado en cama.

No es que abogue por el culto al dolor, pero a veces somos un poco lloricas y al fin y al cabo esa pastillita es un fármaco y tomarla debería ser algo más responsable que una acción refleja frente al dolor. Debería implicar, cada vez, una valoración de los pros y contras de tomar una sustancia que a menudo es perjudicial en ciertos sentidos (sobrecarga renal o hepática, agresión gastrointestinal, etc…)

Medicina natural y analgésicos

Desde el punto de vista de una medicina natural, enfrentar el trastorno que produce el dolor llevará, eventualmente,  a la reducción o desaparición de ese dolor. A parte, pueden emplearse o no analgésicos. La medicina natural tiene analgésicos similares a los fármacos (como el sauce, la ulmaria o el abedul, que son parecidos a una aspirina) y otros con un efecto que armoniza más con la forma de funcionar del organismo (como la acupuntura) Pero la naturopatía casi nunca los empleará solos.

2 Comentarios

  1. Hola Raquel. Los cambios en la alimentación que comentas van orientados sobretodo a disminuir los niveles de ácido araquidónico, un ácido graso que se almacena en las membranas de las células y que se utiliza para fabricar sustancias pro-inflamatorias. Si tu dieta es pobre en Ac. Araquidónico poco a poco vas teniendo menos en reserva. Eventualmente, cuando se desencadene la respuesta inflamatoria el ácido araquidónico que se movilice será poco y la inflmación no será tan fuerte. Esto puede tardar entre 6 meses y un año. Otra cosa que puedes hacer es tomar suplementos de ácidos grasos omega 3 (que representan la otra cara de la inflamación, intervienen en la formación de sustancias anti-inflamatorias).

    Evita también los aceites vegetales (excepto el de oliva virgen) y las carnes rojas, especialmente el cerdo.

    Y sobretodo ten paciencia y piensa que los cambios que estás haciendo te sentarán bien en otros aspectos es decir que seguro que no será en vano

  2. Hola, Rocío
    He descubierto tu blog hace poco, a raíz de buscar e intentar reeducarme como dices en tu artículo en el tema alimentario. Y efectivamente me parece muy instructivo. La verdad es que mi búsqueda se ha debido a que desde hace unos años tengo dolores que parecen musculares, similares a una lumbalgia o ciática y que parecen no obedecer a ninguna lesión. Me encantaría poder asistir a tu consulta, pero vivo en Madrid y me resulta imposible ir a Barcelona, y aún mucho más para hacer un seguimiento.
    He dado con una osteópata que me ha sugerido que puede deberse a un proceso inflamatorio continuo, lo cual parece tener toda la lógica. Me ha aconsejado probar a eliminar el gluten (al menos en su mayoría, de momento no voy con la lupa de celíaco con todos los productos, pero si con pan, pasta, etc..) y también los lácteos (aunque tomaba pocos, y casi todo como yogur o queso, lo he eliminado por completo). Para hacer una “limpieza” del organismo he eliminado la mayoría de grasas, tomo poca carne y pescado, y como cereal principalmente estoy tomando trigo sarraceno, para evitar todos los aditivos y sustancias varias que contienen los productos comerciales sin gluten, y tomo arroz integral. Además estoy tomando sales básicas para compensar la posible acidificación del organismo que cause alguna inflamación. Llevo casi un mes cumpliendo todo esto, que la verdad a veces sí resulta como dices un poco sacrificado, y el problema es que no noto ninguna mejoría, ¿crees que podría ser poco tiempo para poder evaluar si el problema viene por ahí?
    Mil gracias por adelantado

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