La importancia de masticar bien

Masticar bien, a pesar de ser algo que todos los padres tratan de inculcar en sus hijos, es un buen hábito que muy pocos tienen.
En realidad, todos sabemos qué es masticar bien: hacerlo hasta que la comida sea una pasta), pero tal vez ser conscientes de hasta qué punto es importante ayude a adoptar esta buena costumbre.

* Masticar mal favorece que traguemos aire durante la comida, que luego provoca eructos e hinchazón abdominal.

* Masticar mal hace que lleguen al estómago alimentos sin triturar. Durante la masticación ya se inicia la digestión ya que la saliva contiene enzimas que descomponen parte de las sustancias nutritivas. Si no masticamos suficiente, la digestión durará más y será menos efectiva. No sólo dejaremos de obtener nutrientes básicos, sino que la presencia de alimentos sin digerir en el intestino favorece el desequilibrio de la flora intestinal y perjudica la mucosa. Se asocia pues con digestiones pesadas, un intestino en mal estado, una absorción deficiente de nutrientes y una producción excesiva de gases.

* Masticar mal promueve comer más de lo necesario. La sensación de saciedad se produce en parte por la distensión del estómago, pero también hay procesos químicos implicados. La colecistoquinina, la insulina y la leptina son hormonas implicadas en la sensación de saciedad. Si se da tiempo para que se activen estas reacciones químicas, que se empiezan a producir a los 20 minutos, la sensación de saciedad se produce. Al masticar poco comemos mucha más cantidad de la que deberíamos en el mismo tiempo, por lo que se produce un desfase entre la ingestión suficiente y la señal de que hemos comido suficiente.

* Masticar mal hace que disfrutemos menos de la comida, ya que el proceso de masticar es el que pone en contacto la comida con nuestras papilas gustativas de la lengua, a través de las cuales percibimos los sabores y las texturas. Por lo tanto, masticar poco convierte la comida en un acto frívolo e inconsciente.

Y aquí tenéis un consejo que os ayudará a masticar mejor: dejad en la mesa los cubiertos después de cada bocado. Normalmente, recogemos con los cubiertos la comida del siguiente bocado en cuanto dejamos el anterior de la boca y una vez tenemos el tenedor delante de la boca se convierte en un acto inconsciente tragar para darle cabida a la siguiente porción. Así que dejad los cubiertos en la mesa o el plato y no los cojáis hasta que hayáis tragado.

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